Tras la plática, se despidió cordial y hasta sorprendido por haber hablado tanto pese a una enfermedad que le alteraba la voz. Y es que le hace falta tiempo para explicar que, como ministro de Salud, está seguro de que es la pobreza del Estado la que impide que los hospitales públicos cuenten con equipo radiológico básico. Y que, como empresario, nada lo detiene para abrir las puertas de su clínica y las de su familia y recibir con descuentos a los pacientes que los centros nacionales no pueden atender. Maza subraya la importancia de los equipos: “La mayoría de hospitales debería tener su TAC”. Y él, como ministro, podría ayudar a que eso fuera realidad. En cambio, la red pública sigue enviando pacientes a las clínicas privadas. Él, al admitir que su familia vive de esos servicios, como gato panza arriba dice: “El pan no cae del cielo”.
¿Cuántos equipos de TAC tiene la red pública?
La red tiene funcionando nada más un equipo, que es el que está en el Hospital Bloom. Ahí se recibió una donación del Gobierno alemán, se recibió una TAC y una resonancia magnética. Ahorita creo que está arruinada la resonancia magnética. Pero ya conseguimos el dinero para restaurarla. Nos va a costar como $120,000. El TAC también pasó más de un año arruinada y se consiguieron fondos por la Fundación Bloom.
¿Qué alternativa hay para que una persona sin recursos pueda tener una TAC gratis, si el equipo del Bloom está saturado?
No tienen, excepto que alguna clínica privada se lo haga gratis.
¿Cuánto cuesta una TAC?
Los exámenes andan entre $200 y $260, más o menos.
¿Y el costo unitario de cada TAC?
Depende de cada clínica. A los hospitales les cobran de $65 a $85. Lo que está haciendo la empresa privada es ayudándole a las personas que no tienen el servicio en salud pública. No se están lucrando, están haciéndole un favor al Ministerio de Salud.
Los traumas craneoencefálicos aparecen como primera causa de muerte según las estadísticas de 2005. ¿Tener más TAC ayudaría a disminuir esa cifra?
Posiblemente sí. La TAC en los hospitales es un examen necesario, no es un lujo tener una TAC en un hospital, por el contrario, es tan necesario como tener un examen de rayos X. Para mí, la mayoría de los hospitales debería tener su TAC.
El Rosales es de los hospitales que más remite pacientes a empresas privadas para que se hagan TAC. ¿Sería más barato para el paciente y para Salud dotarlo de uno?
No, creo que no, por los precios que les cobran. En el trauma craneoencefálico usualmente, la TAC se tiene que hacer inmediatamente, porque su pacientito se le puede morir en lo que lo mete a la ambulancia y lo lleva a 5, 10, o 20 cuadras. Ese es un tiempo en el que el paciente puede fallecer. Esa es la razón por la que deberían tener TAC, no por lo barato, sino que por eso. Si cobraran lo normal, entonces sí, yo le diría que sale muy caro. Pero por lo que cobran, es mucho mejor comprar los servicios que tenerlos.
FUSAL donó dos tomógrafos y una resonancia magnética en 2003. ¿Por qué no han sido utilizados?
Un tomógrafo fue enviado al Zacamil, otro al Rosales, y la resonancia magnética fue enviada al Hospital de Santa Ana. Me enteré de eso a los seis meses de estar acá. De la resonancia magnética prácticamente yo descarté la instalación, porque es demasiado cara. Y como son donadas, son equipos usados y usted no sabe si le van a funcionar o no.
FUSAL dice que habían conseguido que General Electric donara la instalación de los equipos.
Eso es primera vez que lo oigo, nunca había oído eso. No sé quién le ha dicho eso, pero instalar una resonancia magnética es carísimo. Primero tiene que hacer una infraestructura especial, es una cámara de Faraday debido a que trabaja con imanes y magnetos. No es decir que lo voy a poner en esta o en otra habitación. A mí en lo personal una vez me ofrecieron una resonancia magnética regalada y yo contraté dos ingenieros mexicanos para que la fueran a ver. Estaba instalada en un hospital en la Florida, y me dijeron los mexicanos que estaba en perfectas condiciones.
¿Eso para un hospital público?
¡No! Personal, para mí. Ni pensaba en ser ministro. Entonces hicimos un presupuesto de lo que nos costaba nada más construir el sitio, y me costaba $250,000. ¿Y de dónde los voy a agarrar? Entonces no la recibimos. Así que cuando me contaron que estaba esa resonancia magnética en Santa Ana, les dije que se olvidaran, porque no íbamos a gastar $250,000 o $300,000 en una resonancia que ya tenía un año y medio o dos de estar en un contenedor, porque posiblemente no funcione. Yo tomé la decisión de que no era factible. Con los TAC fui yo al Hospital Zacamil y me dijeron que sí, ahí lo tenían. Pregunté que cuánto nos costaba instalarlo y me dijeron que entre $40,000 y $50,000. El equipo ya está ahí, solo falta que se conecte la energía. Eso no pasa de Semana Santa. En el Rosales, ahora que nos devolvieron el Hospital de Especialidades, se está haciendo el mismo procedimiento. Y si las cosas van así vamos a tener antes de la Semana Santa el de Zacamil funcionando y después, el del Rosales. Además, en la nueva unidad de emergencia que se va a inaugurar el 9 de marzo, ahí se está instalando un TAC nuevo para el Rosales. Así que de no tener nada, en menos de seis meses vamos a tener tres TAC. Pero, posiblemente, los hospitales van a necesitar seguir mandando a las empresas privadas.
Las resonancias de hospitales públicos se remiten a CIRMA o al Hospital de Diagnóstico. Ya con descuento, se paga $320 por examen. Un paciente se preguntaría por qué Salud lo permite.
Lo permite porque lo necesita.
Los pacientes que necesitan TAC se remiten al Centro Scan. Y este, según una página en internet, pertenece al grupo CIME. ¿Cuál es su relación con este grupo?
El Scan lo compramos hace como 20 años. Éramos cinco médicos que nos unimos y lo compramos y los cinco le vendimos todas nuestras acciones al doctor Murra Saca, él es el dueño del equipo y del edificio. Aparece ahí (el Scan) porque era parte, pero no es mío, nunca ha sido mío. Hoy a lo único que se han quedado ellos es a usar mi nombre en las bolsas, pero eso es como una deferencia para con el doctor Murra. Ellos tienen ahí al doctor José Antonio Maza, hermano mío, y al doctor José Roberto Giammattei hijo, que es hermano de otro socio que yo tenía. Son los dos que trabajan, pero a ellos les pagan un salario. Yo cuando termine aquí, o me saquen, posiblemente me vaya a trabajar ahí.
¿Y con Climosal, Clínicas Radiológicas y Clínicas Maza?
En Climosal pusimos una clínica del grupo CIME que yo... usted sabe que yo vengo de la empresa privada, yo no vengo de otra cosa. Lo que yo hice cuando me nombraron ministro fue deshacerme de mis acciones en esas clínicas. Ya no me pertenecen a mí, sino a otras personas, precisamente para evitar cuestionamientos como el que me está haciendo ahorita. Esa es la razón. Yo no he vuelto a participar. En esa época había ganado unas licitaciones con el ISSS para tomar mamografías y con Bienestar Magisterial para tomar placas, que esas se terminó el contrato y no he vuelto a participar. Incluso las oficinas, a pesar de que ya no están bajo mi nombre las acciones, no han vuelto a participar en las licitaciones.
Según registros, usted salió de la junta directiva en 2004, pero su familia continuó en la empresa...
¡Ah, pues sí! Si hay que seguir trabajando, tienen que tener para comer. ¿O usted cree que el pan viene del cielo?
¿Esta empresa también recibe y hace descuentos a los pacientes de hospitales nacionales?
Sí, a los pacientes de todos los hospitales nacionales.
¿No cree que hay un conflicto ético cuando usted debe garantizar que no haya carencias en el sistema público, y su familia recibe ingresos de los clientes que rebotan por las carencias del sistema público?
Le estoy contando que estoy modernizando todos los servicios en radiología. ¿O no me oyó?
Sí, doctor, pero...
Estoy tratando de mejorarlo para que eso se reduzca. Yo no estoy de ninguna manera... si hiciera lo contrario sí me sentiría mal, pero yo estoy tratando de que eso no suceda en el futuro, porque mejorando los servicios de rayos X en los hospitales ya no va a haber necesidad de mandarlos fuera, ¿me entiende?
Pero hasta finales del año pasado, cuando se arruinó el TAC de Climosal, el Hospital San Rafael mandaba a todos sus pacientes para ahí, porque era el más barato.
¡Pues sí, imagínese qué favor le estaban haciendo al paciente! ¿O no considera que es un favor? Porque ahí no se le está ganando absolutamente nada al examen. Usted calcula lo que se tiene que inyectar al paciente, más la película, más el trabajo. Los costos son prácticamente solo lo que el paciente paga, ahí no hay ganancia.
Desde 2004, cuando usted abandona la presidencia de Clínicas Radiológicas, aparece como administradora única Gilma López. ¿Qué empresas forman grupo CIME?
Le mentiría qué empresas lo forman, ahorita tengo yo una clínica en el Instituto de Ojos de la colonia Escalón, creo que es la única que pertenece al Grupo CIME.
Gilma López aparece como propietaria del 51% de las acciones del Grupo CIME, y, sin embargo, reside en un apartamento modesto...
Yo le dije que me deshice de mis acciones, porque eso es lo que tenemos que hacer los que venimos de una empresa privada a un puesto del Gobierno. Tenemos que hacer eso para evitar los cuestionamientos que me está haciendo ahorita. Yo no estoy aprovechándome de mi situación como ministro y mandando pacientes a las clínicas donde yo he trabajado toda mi vida. Yo creo que incluso ha disminuido considerablemente el trabajo hoy que no estoy. Porque le doy el 95% de mi tiempo al ministerio, y voy solo un ratito a mi oficina. Yo sé que esto (ministerio) es un trabajo temporal y no puedo estar olvidándome de mi trabajo, que es el que me ha dado de comer toda la vida.
A juzgar por el lugar modesto donde vive Gilma, da la impresión de que no le va muy bien.
¡No! Es que ahí, mire, no se recibe ni siquiera un centavo de dividendos. Ese negocio es tan caro que prácticamente todo lo que entra se gasta.
Pero le ha dado a usted para tener un nivel de vida mejor que el que aparentemente tiene Gilma, que es dueña del 51% de las acciones.
Yo creo que no me quiere entender usted. O me quiere sacar algo.
¿La clínica de la Escalón está a su nombre?
Esa es la única, tiene incluso mi nombre. Esa la uso para cuando algún amigo me dice que si le quiero hacer algún examen, porque confían en mí, y me voy a las 7 o 7:30 de la mañana a hacerlo o a la hora que me quede un tiempito. Ahí tomo mamografías, porque es un examen que necesita mucha experiencia. Entonces mucha gente me dice que se las lea yo. Por eso he puesto esa pequeña clínica y, como le digo, no gano nada. Todo lo que entra es para pagar local y técnicos.
Ahí, doctor, una mamografía a precio normal cuesta $39...
No, $19.
Según las dependientes, el precio regular es de $39 y para quienes llegan del sector público es de $25.
No, es $19. ¿Quiere preguntar por teléfono? (ofrece su celular).
En este momento hay una promoción en su clínica, y en general las mamografías están a $18. Este precio indica que, aún cuando se les hace un descuento a las personas del sector público, queda ganancia.
$18, ¿quién va a ganar con $18? Nadie, en el ISSS cuesta $37 hacer una mamografía. Y esa no es promoción, es lo mismo que cobran en el Instituto de Ojos. Esta es casi una función social la que se hace.
Los descuentos que hace la empresa privada aún obligan al paciente del sector público a pagar. Los pacientes pueden preguntar por qué esta situación se ha prolongado.
Porque estamos en un país pobre. No alcanza el Gobierno a tener todo. Si los hospitales quisieran tener todos sus servicios y no mandar pacientes afuera, pero no alcanza.
Las carencias de Salud derivan en gastos que termina pagando un paciente que también es de escasos recursos.
Creo que cuando el paciente no puede pagar, el hospital ve cómo hace. Los hospitales tienen trabajadoras sociales y las clínicas también colaboran en ese sentido.