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El Salvador, CA
  › Marzo 18 de 2010

La agonía de tu hermano no vale una visa

España niega la entrada al familiar de un ecuatoriano que lleva 53 días en la UCI.

Daniel Verdú/El País
enfoques@laprensa.com.sv

Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 3/4/2007

Ramiro Fernando Mora Mendoza, un ecuatoriano de 29 años afincado en Madrid, ha estado a punto de morir en el hospital público Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares. Llevaba al miércoles  53 días en la UCI por una neumonía que se le complicó. No tiene familia en España y apenas un par de amigos. Pero el consulado español en Quito ha denegado a su hermano el visado para poder reunirse con él.

Alega que, pese a haber presentado toda la documentación requerida y dos cartas del hospital solicitando la presencia de algún familiar, el hermano de Ramiro querría venir a España para trabajar. Que un familiar esté al borde de la muerte tampoco es ninguna garantía. 'A diario hay casos como el suyo y se deniegan los visados', dicen en Exteriores.
 
Jhon Rueda ha movido cielo y tierra por su amigo Ramiro. Jugaban de pequeños al fútbol en el barrio del Comité del Pueblo, en Quito. Ya mayores, decidieron buscarse el pan fuera de casa. Llegaron casi a la vez a España hace seis años. Lograron regularizarse y comenzaron a trabajar en Madrid. Jhon como diseñador gráfico y Ramiro como encuadernador en una imprenta una época, y en invernaderos de fruta en Valencia, en otra. Ahora, desde hace dos meses, Jhon va a verle cada tarde a la cama de la UCI.

Ramiro perdió su último trabajo, cuenta su amigo, por bajo rendimiento. “Pero fue injusto, es que ya estaba enfermo”, dice, defendiendo a su paisano. El 17 de febrero entró en el hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares. Tenía fatiga, dolor de pecho y al toser, expulsaba sangre. Lo mandaron directamente a la UCI. Al cabo de 72 horas sufrió una hemorragia en los pulmones y necesitó ventilación. Después sufrió un neumotórax bilateral (entrada de aire anómalo en la pleura, el órgano que cubre los pulmones, provocando su colapso), anemia e insuficiencia respiratoria aguda. Además, tuvo la mala suerte de infectarse con una bacteria hospitalaria que le provocó otra neumonía acompañada de fallo renal.

“Estuvo al borde de la muerte”, recuerda el jefe de sección de medicina intensiva del Príncipe de Asturias, José Andrés Cambronero, que envió el 21 de marzo un correo electrónico a la embajada de España protestando por la denegación del visado ante la situación de su paciente, “que se encuentra extremadamente grave y sin familia”.

El médico adjuntaba el informe clínico de Ramiro. El 4 de abril, ante la falta de respuesta, volvió a insistir.

Al enfermo se le tuvo que realizar una traqueotomía sin poder recibir el consentimiento de la familia. “Se hizo primando su salud”, señalan los médicos. Ha estado más de 45 días sedado e inconsciente, y no sabe todavía que un jefe de la UCI se ha obsesionado con su caso.
 
“Es algo incomprensible desde el punto de vista humanitario. Después del atentado de la T4, los partidos políticos nos bombardearon con ideas de solidaridad con Ecuador. Pero, cuando hay problemas concretos... la realidad es muy distinta de la entrega de las llaves de un piso”, denuncia Cambronero, aludiendo a la reciente donación de una vivienda a la familia de uno de los fallecidos. “Una cosa es predicar y otra dar trigo”, añade.

El consulado de España en Ecuador ha denegado dos veces el visado al hermano de Ramiro. “He presentado todo lo que pedían. Por Dios, no puedo hacer más. Mi hermano está mal y quiero ir allá con él”, solloza por teléfono Manuel.

Entre la documentación entregada, hay una carta de invitación notariada de un amigo con permiso de residencia en España; los partes médicos del hospital; un seguro médico; una carta del cónsul general de Ecuador en Madrid y las dos misivas firmadas por Cambronero.

Manuel puede acreditar que es dueño en Quito de un negocio de calzado y traía con él a España 13,000 dólares, suficientes para vivir varios meses sin trabajar. Pero el consulado tiene la elevada sospecha de que lo que quiere es venir a España para trabajar. “Pongo todas mis propiedades y las de mi familia como aval de que no voy a quedarme. Sólo quiero estar con él hasta que se recupere”.

Ramiro seguirá unos días en la UCI porque tiene todavía un drenaje de tórax. El domingo de Pascua, el día de su cumpleaños, le retiraron la ventilación. El equipo médico se ha volcado contra lo que consideran una “injusticia humanitaria”. “Está mejorando, pero si su estancia en el hospital se alarga más, será por un problema social y no médico”, señala Cambronero.

Jhon y otro amigo han hecho fotos a Ramiro, han pedido ayuda a varias asociaciones de ecuatorianos y consiguieron que Gamavisión, la principal televisora de Ecuador, se interesara. Esta semana pasaron la media hora de visitas junto a su cama. “Hemos hablado con él y dice que está desesperado. No quiere comer y nos ha pedido que hagamos todo lo posible para que pueda venir algún familiar”. Y en eso siguen.

El consulado español en Quito, cuyo titular es Antonio González Zabala, ha denegado dos veces el visado a Manuel Mora Mendoza, hermano de Ramiro. El lunes, mediante una portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, apuntaron unos motivos que dejan al descubierto una burocracia deshumanizada.

“Aportó toda la documentación requerida y parece que tenía un negocio próspero en Quito, pero había defectos formales”, comienzan. “Manuel había realizado una reserva para un vuelo con un plazo de cuatro meses, cuando su visado hubiera sido de tres meses. Dos: el seguro médico que contrató era de 80 días, no de 90, como requería el visado que solicitaba”. Punto tres: otra vez “había errores en las fechas de la carta de invitación notariada que le mandó el amigo que iba a hospedarle”. Y punto definitivo: “En el informe médico no se especificaba que Ramiro corriera peligro de muerte y que fuera necesaria la presencia de algún familiar”.

“El País” tiene dos copias de las cartas que un jefe de la UCI del hospital mandó a la embajada española especificando la situación “extremadamente grave” del paciente.

La conclusión de la investigación es que Manuel sólo quería venir a España para quedarse a trabajar.

 

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