Alfredo Prieto se mudó desde Reston, Virginia, a San Bernardino, California, en 1989. Dejaba tras de sí, según la fiscalía de Fairfax, uno de los asesinatos sin resolver que conmocionó a la capital estadounidense.
Sin embargo, en la escena del crimen, la Policía recabó muestras de ADN que apuntaban al principal sospechoso. Sin embargo, la identidad de ese sospechoso era un misterio hasta 2004.
Mientras tanto, Prieto seguía con su vida en California, pero en 1990 se vio envuelto en el secuestro y asesinato de una adolescente de 15 años. La evidencia contra él en ese caso fue contundente y fue condenado a muerte en 1991.
Pero, en Estados Unidos pueden pasar varios años antes de que una sentencia de muerte sea ejecutada. Prieto hizo varias apelaciones al fallo lo que demoró su ejecución.
Sin embargo, durante la espera, muestras del ADN de Prieto fueron introducidas a una base de datos de delincuentes violentos de todo EUA, y en 2004, los fiscales de Fairfax encontraron que las muestras de Prieto coincidían con las que ellos guardaban del caso de unos estudiantes asesinados en 1998. Así, los fiscales viajaron a California, a la prisión de San Quintín para tomar nuevas muestras de ADN de Prieto y cotejarlas con los registros de 1988, que resultaron ser idénticas.
El fiscal Robert Horan considera la evidencia tan sólida que el caso de Prieto será el último de su carrera, pues piensa jubilarse tras 40 años de servicio.