“Bajando vienen las volcaneñas, son las floreras del Boquerón, que se embriagaron con la fragancia, con los perfumes de su volcán...” Fragmento de una canción de Pancho Lara, escrita en 1950, como oda a las volcaneñas.
La figura de las volcaneñas ha estado presente en casi todas las ramas posibles del arte, desde finales del siglo XIX. La primera representación es tal vez la numismática. En un viejo billete de cinco pesos, de 1896, del “Banco Industrial del Salvador”, aparece una idílica volcaneña con su tradicional traje y su canasto desbordando frutas. El Banco Central de Reserva emitió una versión diferente del tema en 1930 y 1960. En la filatelia se ha incluido desde hace años a las volcaneñas, bajo la temática de la caficultura o trajes típicos de El Salvador.
Pero es en la pintura donde las volcaneñas fueron inmortalizadas con mayor profusión. El pintor alemán Max Wollmberg visitó el país en 1920 y plasmó realísticamente en un enorme óleo a las volcaneñas bebiendo agua de una fuente. Valero Lecha, pintor español, se enamoró en 1940 de ellas. “Valero nos contaba que pagaba a las volcaneñas para que posaran para él”, aseguran los pintores Julio Hernández Alemán y Armando Solís, ambos de 65 años, quienes también retrataron esta temática. “Cuando yo tenía 15 años todavía había volcaneñas”, afirma Julio Hernández.
La pintura indigenista surgió con más énfasis luego de la revuelta campesina de 1932, bajo esa consigna los alumnos de Lecha: Julia Días, Noé Canjura, Mario Araujo y muchos otros pintaron a estas mujeres. Otros artistas plásticos como José Mejía Vides y Camilo Minero hicieron lo mismo.
En 1950, María de los Ángeles de Castillo musicalizó a las famosas aldeanas, pero “fue Pancho Lara y su música los que consagraron a las volcaneñas; no obstante, la gente se olvidó de eso tan bello, y tan propio que ocurría en El Salvador”, opina el pintor Armando Solís. El tema de “Las cortadoras” es una indirecta alusión a las volcaneñas, a quienes en realidad dedicó “Las floreras del volcán”.
El antropólogo Ramón Rivas considera que “las volcaneñas son casi un mito creado por el folclor de Pancho Lara”. Contradictoriamente, la literatura de Alice Lardé, Francisco Espinosa, Saúl Flores y otros reconstruyen con sus letras esa época.
La danza folclórica, fundada por Morena Celarié en la década de 1960, terminó por poner ritmo y movimiento a la música que con antelación había sido inspirada de las escenas nativas que inspiraron a artistas que han dejado de estar entre nosotros, pero que inmortalizaron para la posteridad la silueta característica de las volcaneñas a través de su arte, reinvindicando a su vez el papel de la mujer salvadoreña en el plano laboral.