De entre los diferentes trajes típicos salvadoreños, el vestido de volcaneña ha sido el más representado como embajador del folclor nacional. El vestido que ahora se ondula ante actos diplomáticos o cívicos ha evolucionado desde que dejó de ser utilizado por estas mujeres en la primera mitad del siglo XX, probablemente después de que la milicia civil sofocó la insurrección campesina de 1932, fecha que marcó la extinción de cualquier expresión cultural indígena en casi todo el país.
Según antiguas iconografías, la indumentaria de volcaneña evidencia un traje de dos piezas confeccionadas con tela de tafetán, que las mujeres más longevas del Boquerón recuerdan como “tela de espejo”, más asequible que la seda. Los tonos comprenderían desde el rojo, amarillo pastel, celeste, verde, hasta el índigo. Tanto la blusa como la falda eran abullonadas con pliegues y adornadas con revuelos de tela de otro color o encaje blanco. El complemento era un chal o rebozo.
Este atavío era similar al traje de las panchas, de Panchimalco, pero sin la falda cuadriculada rojo y negro. Petrona Cañenge recuerda que el calzado consistía en austeras “sandalias de cuero o botines (de tela) con tacón, aunque la mayoría solía andar descalza”, afirmó.
Un diseño francés
Como débil reflejo de Europa, y según documentos históricos, las citadinas lucieron modelos parisinos de la Belle Epoque (1890-1914), expuestos a su venta en los pomposos escaparates de almacenes como Imberton y París-Volcán. El traje de las volcaneñas corresponde a estas fechas.
En este punto, el antropólogo radicado en Estados Unidos Rafael Lara Martínez juzga que “el hecho de que las indígenas imitaran vestidos occidentales o hablen castellano no significa que sean mestizas, porque sería negar la diversidad étnica de la nación”.
Algunas similitudes entre el vestido galo y el de las campesinas eran la forma almidonada y voluptuosa de la falda; el uso de encajes, enaguas de crinolina, chal, plisados y telas importadas.
Lara Martínez posee fotos de “entre 1935-1939, donde aparecen mujeres citadinas, de clase media y alta, vestidas de indias (volcaneñas), en la ‘Revista El Salvador’ de la Junta Nacional de Turismo”. Lo que podría interpretarse como un preludio de la “folclorización” de este vestido.
Entre 1940 y 1950, aparece en el arte y el Estado un movimiento nacionalista, encabezado por Paquito Palaviccini, Pancho Lara y María de Baratta, popularizando con música y baile el costumbrismo salvadoreño.
En noviembre de 1944, la revista estadounidense “National Geographic” publicó un exótico reportaje dedicado a la caficultura salvadoreña, el vestido delata a las volcaneñas realizando esta tarea.
En el siglo XXI, las volcaneñas son el estandarte del folclor. Cada 15 de septiembre o 12 de diciembre cientos de niñas (muchas sin saberlo) visten un eco de la moda del pasado. Del pasado de las volcaneñas.