Teléfonos 2288-2077 y 77360606reinerio33@yahoo.com
El consentimiento es, en temas de desarrollo humano, uno de los problemas más difíciles de aceptar o comprender por aquellas personas que tienen responsabilidad sobre otras, como es el caso de los tutores, padres de familia, maestros y por qué no decirlo: gerentes, líderes empresariales y otros.
Esta dificultad se debe, en gran parte, a que detrás de todo acto de consentimiento existe por lo general un vínculo que puede ser de tipo afectivo, laboral, pedagógico o de cualquier índole, al final de cuentas, un vínculo entre las partes involucradas.
Pero, sea cual sea la naturaleza del consentimiento, de lo que se trata, es de desenmascarar su verdadero rostro y las consecuencias negativas que produce.
El consentimiento, a propósito, tiene la facultad de disfrazarse, es decir, de parecerse a otras cosas como por ejemplo al amor, al cariño, al deseo de un bien, y esa es su principal arma, lo que lo convierte en un fenómeno peligroso en el logro del éxito.
Es el caso, por ejemplo, del padre de familia, que con el afán de querer, según él, lo mejor para su hijo, lo consiente con todo tipo de regalos y halagos con la finalidad bien intencionada de que sea absolutamente feliz.
Otra persona, por su parte, permitirá una serie de “consideraciones” de su pareja afectiva en las primeras etapas de su relación, precisamente por amor, consideraciones que darán lugar en el futuro a los famosos conflictos de pareja ya muy difíciles de corregir.
Este problema no escapa de inmiscuirse en los procesos de las corporaciones, creando estancamiento precisamente en los procesos de desarrollo de estas.
Así, por ejemplo, un gerente o jefe de cualquier nivel puede consentir a sus subalternos por conductas no afines a las esperadas por los objetivos corporativos, creyendo que solo es un buen jefe considerado, logrando con ello el estancamiento en la productividad y el desarrollo de la empresa.
El amor, el cariño y la empatía no están peleados con la exigencia, ya que se puede formar a un hijo con amor; se le pueden exigir resultados a un empleado con respeto pues el desarrollo es un acto consecuente no consentidor. En este sentido lo que hay que tomar en cuenta es el tener muy claro cuándo podemos ser consecuentes y cuándo consentidores, lo que hay que considerar son los resultados que obtendremos en un futuro cercano.
Las personas que han sido formadas bajo sistemas de consentimiento manifiestan comportamientos de inmadurez, de capricho, pues estarán convencidas de que todo lo podrán obtener por cualquier vía; se volverán manipuladores, enfermizos, agresivos, prepotentes, etcétera.
Contrario a todo esto un acto consecuente (no consentidor) puede ser duro, pero se hace en beneficio de la consecuencia, pues nadie disfruta de una inyección por vía muscular pero nos cura, nos protege de enfermedades incluso mortales; sin embargo, lo que hacemos muchas veces es consentir la enfermedad con pastillitas paliativas o medidas a medias. En este sentido, mi objetivo es que el lector valore los resultados del consentimiento frente al acto consecuente.