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Una de las cosas que afecta nuestro desempeño laboral es la preocupación por las deudas y el cobro de estas, a tal grado que no encontramos paz en el trabajo, en nuestra casa ni en ningún lugar, con los consecuentes riesgos de perder la credibilidad ante nuestros empleadores y la imagen ante nuestros compañeros y colegas.
Por esta razón aprovecho para incluir un extracto de mi libro “Pulgarcito en la tierra de los caracoles cuadrados”.
Pulgarcito había conocido al banquero y este le había enseñado cómo adquirir fortuna, y una de ellas era evitar la deudas por esta razón el banquero le dio una serie de ejemplos...
“Pulgarcito, hay tantas cosas que puedes aprender de los caballos, es algo que nunca debes hacer a un lado porque muchas cosas yo aprendí cuando tuve la oportunidad de cargar un caballo muerto.
Si hay algo que trae mucha paz y felicidad es llevar un tren de vida que nuestros ingresos nos permitan y si hay algo terrible, desalentador y triste es tener deudas y obligaciones que no podemos cumplir.
Es tan terrible tener un caballo muerto y cargarlo muchos años antes de enterrarlo, uno de mis caballos murió y para no dejarlo tirado en el camino, decidimos cargarlo, la idea en sí era loca, pero decidí llevarlo en la carreta hasta encontrar dónde enterrarlo.
Esto parece una locura, pero ocurre a diario con las personas que pagan altos intereses por una deuda al adquirir un perfume, una camisa o una comida.
Adquirir artículos o productos antes de tener la capacidad de pagarlos es una carga muy pesada de llevar, similar al acto de llevar un caballo muerto.
Cuando compramos cosas al crédito asumimos que no nos enfermaremos, que nunca perderemos el empleo, que nunca tendremos ninguna dificultad y que nuestra vida será tan bonancible en el presente como en el futuro.
Pero lo que no tomamos en cuenta es que los intereses son peores que cualquier demonio inventado o real que nos come vivos, nos chupa la sangre, nos quita el sueño tan sagrado y sobre todo la paz , la tranquilidad y la seguridad financiera y muchas veces termina llevándonos a la muerte súbita incluyendo a nuestra familia y aquello que amamos ya que los intereses son voraces, y nunca duermen, no descansan, no se enferman, no se van de vacaciones, no tienen días feriados y tan pronto como hemos aceptado la responsabilidad de llevarlos a veces pesan demasiados sobre nuestras espaldas que literalmente nos aniquilan.
Pulgarcito estaba atónito, no balbuceó ninguna palabra y recordó los años que la langosta devoró en su pueblo y de cómo los créditos bancarios que habían obtenido los campesinos nunca se pagaron y les hipotecaron sus casas, sus plantaciones, sus terrenos, sus tractores y todas aquellas cosas que se podían vender para que los acreedores pudieran recuperar los préstamos otorgados en épocas en que nunca se imaginaron lo difícil que sería los años futuros.
Por esa razón, Pulgarcito, mi consejo sabio es que nunca adquieras al crédito cosas que pueden esperar ser compradas cuando tengas el dinero en efectivo para que no pagues cien veces más el valor del producto a puro interés...”