“Yo no tengo el hábito de leer; cuando leo es por cosas de la universidad, y siento que leer es muy aburrido”, dice Cindy Romero, una estudiante de 24 años que siente apatía por la lectura. Ella, por supuesto, no es la única, pero tampoco representa a una mayoría arrolladora. La lectura tiene sus aficionados.
El 55% de los salvadoreños dice que practica la lectura, y la mitad de ellos, todos los días, según una encuesta realizada por LPG Datos de LA PRENSA GRÁFICA.
¿Entonce no somos tan malos lectores? Bueno, tal vez habrá que mover el debate de la cantidad de lectores a los motivos y temas de lectura.
Nuria Judith Ortiz, maestra de literatura del Instituto Nacional Albert Camus, ha observado que sus alumnos leen, pero los temas de consumo masivo promovidos por los medios de comunicación. Las obras como “Romeo y Julieta”, dice la profesora, ya no son tan populares entre los jóvenes, sino libros como “Harry Potter” y “El señor de los anillos”.
Quizá tenga algo de razón. La literatura –y no solo es el caso de los jóvenes– no es tan popular entre los lectores.
Tal vez la gente no lee literatura, pero lee. La investigación muestra que en el 63.7% de los hogares existe al menos un libro. La mayoría de estos son textos escolares. Los libros más populares, sin embargo, son los diccionarios.
Las libreras domésticas, entonces, tienen siempre un diccionario y muchos libros utilizados en el bachillerato y universidad.
Además de esos libros, casi siempre hay en las casas una Biblia o diversos textos religiosos.
Y claro que también hay obras literarias. En más de la mitad de los hogares, existe al menos una obra literaria, y en el 8.7% ocupan la mayor parte de la estantería.
La profesora Ortiz está muy preocupada por el futuro intelectual de sus alumnos: “Ahora los jóvenes solo pasan en centros comerciales y una de las principales distracciones de ellos son las máquinas en las cuales pasan muchas horas”, comenta.
El programa de estudio debería renovarse para que el alumno empiece a sentir un gusto hacia la lectura. Sin bases y sin hábito no hay interés, dice la educadora.