El aire fresco, el colorido de las flores que bordean la calle pavimentada y las canaletas secas a penas con restos de hojas caídas dan a simple vista la impresión de un pueblo limpio, de gente sana. Esa descripción, sin embargo, contrasta con la cantidad de personas que Comandos de Salvamento trasladó ayer desde allí, en el cantón Los Amates (La Libertad), con vómitos, diarreas, fiebre alta y dolor de cabeza —todos síntomas de dengue— a los hospitales nacionales San Rafael y Benjamín Bloom. Cinco en total, dos adultos y tres niños; uno de los menores iba sangrando por la nariz inclusive.
Con sospecha de dengue hemorrágico, Jefferson Delgado, de ocho años, fue el único que quedó ingresado en el Bloom. El resto de niños, pese a tener los mismos síntomas, fueron puestos bajo un control ambulatorio.
Sentado a un lado de Jefferson, su padre, Roberto Delgado, de 28 años, explica: “Desde que regresó de la escuela, el miércoles, empezó a tener calentura y los demás síntomas; pero como uno siempre anda trabajando, no le que queda lugar de llevarlo a consulta”.
Un grupo de habitantes del lugar confirmó la teoría. Los niños abundan y los padres no tienen otra alternativa que no sea dejarlos en casa mientras ellos salen a trabajar a las fincas aledañas. Pero la queja más insistente coincidió en que la unidad de salud no se preocupa por el trabajo preventivo.
“No hay ni un solo promotor de salud, que es quien debería encargarse de visitar las casas y conocer las necesidades de salud de la población para gestionar la ayuda”, lamenta Dora Inés Martínez, vicepresidenta de la junta directiva de la comunidad.
A pesar de la enorme abundancia de zancudos que nacen en los cafetales, la mayoría hizo afirmaciones como: “Aquí ni se asoma la gente de la unidad de salud”, “Para mí ha sido una sorpresa que hayan venido a llevarse a esa gente”, “Fumigan una vez al año”.