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El Salvador, CA
  › Julio 5 de 2008

Norman Mailer defiende a Günter Grass en Nueva York



Nueva York, DPA
cultura@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 7/2/2007

Son las mismas preguntas insistentes que Günter Grass escuchó en Alemania. "¿Por qué demoró tanto en escribir sobre su pertenencia a las Waffen-SS?", quiere saber el escritor británico Andrew O'Hagan en el abarrotado salón de la Biblioteca Pública de Nueva York.


   "¿Por qué usted, la voz moral de Alemania, calló durante tanto tiempo sobre este punto?" Y aún más: ¿Acaso Grass no midió con dos varas distintas cuando acusó por su pasado nazi a hombres como el canciller Kurt Georg Kiesinger sin hablar del suyo propio?


   Pero a diferencia de lo que sucedió en casa, en Nueva York el Premio Nobel de Literatura de 79 años no tiene que defenderse solo. Norman Mailer, el gran veterano de la literatura norteamericana moderna, lo defiende. "Si hubiera estado en el lugar de Günter (...) también habría terminado en las Waffen-SS", dice el premio Pulitzer y autor del bestseller mundial "Los desnudos y los muertos" (1948) durante la actividad de la tarde del miércoles de la semana anterior. "Su camino fue mucho más difícil que el mío."


   Pequeño y gris, Norman Mailer está sentado junto a Grass en el escenario. Este escritor de 84 años tuvo que llegar en silla de ruedas. Apenas puede ver y le cuesta mucho escuchar. "Cualquier persona en la sala se entera de más cosas que yo", bromea. Pero su espíritu es muy vivaz. Asegura que reflexionó mucho sobre el "largo silencio" de Günter Grass, pero que lo puede comprender. Dice que para el escritor debe haber sido una experiencia traumática lo que hicieron los nazis con "el país más cultivado de Europa", "como cuando uno se casa con una mujer hermosa que luego se convierte en un monstruo".


   Y luego Mailer, comúnmente un fuerte crítico de la actualidad estadounidense, se pone muy personal: También en su vida hay un episodio doloroso, cuando en 1960 apuñaló repetidas veces a su mujer de entonces, Adele. "Nunca llegué tan lejos como para poder escribir sobre ello". Un pesado silencio en la sala.


   Obviamente también Grass brinda explicaciones, las cuales presenta una y otra vez desde la aparición el año pasado en Alemania de su autobiografía "Vom Huten der Zwiebel". En Nueva York, para la aparición de la edición estadounidense "Peeling the Onion", las repite en un inglés simple y fluido. Dice que de ningún modo habló recién en su biografía sobre su pertenencia a los 17 años de las Waffen-SS, sino que ya lo hizo en los años 60, solo que entonces nadie se interesó por ello. "Siempre estuve seguro de que escribiría sobre ello", señala. "Pero yo mismo decidí cuándo hacerlo."


   El público reunido en la renombrada Biblioteca Pública brinda tras dos horas de intensa discusión un caluroso aplauso. "Creo que estaba dispuesto a hablar", cuenta la profesora de literatura Carlin Carr, de 28 años, que para participar en el evento viajó tres horas en coche. Y la judía Frieda Birnbaum, que con 83 años es parte de la generación perseguida por el régimen nazi, se siente, según dice, llena de profunda tristeza. "He comprendido cómo él estaba prisionero de la historia, de las circunstancias."


   La asistencia al total de seis eventos que encabezó Günter Grass durante su gira en Nueva York es enorme para tratarse de un autor extranjero. Las entradas están vendidas totalmente desde hace tiempo.


   La crítica profesional, por cierto, es más dura con el autor alemán que el público. "The New York Times" califica la biografía de Grass como una mezcolanza de hechos y ficción. Asegura que solo la hermana asume en el libro el punto de vista del lector, tras acusar a Grass de mentir "a grandes rasgos". "Bastante probable", dicen los críticos. "No sería la primera vez."


   Grass tiene cada vez menos paciencia con las acusaciones. Prueba de ello fue lo ocurrido durante un evento realizado pocos días antes en un centro cultural judío. Cuando el publicista judío originario de Viena Amos Elon aludió una y otra vez al tema frente a 900 asistentes, el invitado se tornó parco. "Pero ya hablé de todo esto antes", dijo. "Ya tengo suficiente."