Príncipes, princesas, reyes y reinas se han dado cita en la ciudad noruega de Stavanger para arropar a la reina Sonia con motivo de su 70.º cumpleaños. Nunca antes y probablemente nunca jamás esta localidad había congregado tantas personalidades de la realeza juntas como el pasado miércoles con la inauguración de los fastos conmemorativos. Y, con ellos, tampoco semejante derroche de glamour y elegancia. Largos vestidos de noche de maravillosas sedas, gasas y bordados de todos los colores que las damas vistieron y que, debido a las lluvias, combinaron con estilosas gabardinas y paraguas, para asistir a una cena privada en el restaurante Flor og Fjaere. Broche de oro de esta primera jornada de celebraciones, antes de embarcar en los yates reales Norge y Dannebrog, y en el buque de la Marina KNM Horten.
Regalos reales
Durante una misa poco tradicional en la catedral de Stavanger, en la que presentaron la canción “La vida es un regalo”, especialmente dedicada a ella, la reina Sonia no pudo evitar emocionarse hasta las lágrimas.
“Felicidades, querida Reina. El regalo de la vida lo hemos recibido para alegrar a otros, para que sus vidas sean ricas y buenas”, decía la letra. Después de la ceremonia, la soberana volvió a ser coronada, debido a que los pequeños alumnos de la guardería Rektorhaven le obsequiaron una corona que, no obstante, le quedaba un pelín grande.
Un sinfín de felicitaciones y regalos colmaron el miércoles a la querida soberana cumpleañera.