Carlos Augusto Perla, el ex presidente de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), es uno de los funcionarios que más tiempo se mantuvo en el cargo y un hombre habilidoso para construir frases fáciles de convertir en noticia.
“Cuando la recibí, ANDA era un cadáver”, dijo, meses después de asumir el cargo el 14 de junio de 1994. “En 2001, la oferta de agua en el Gran San Salvador superará a la demanda”, agregó en los momentos más aciagos de su gestión institucional.
Perla siempre mantuvo un perfil alto en los gabinetes de los ex presidentes Calderón y Flores; llegó a ser considerado por el partido de Gobierno como un potencial candidato presidencial para las elecciones de 1999.
Nunca llegó tan lejos. En cambio, dejó el cargo solo con autoelogios y comenzó a vivir una vida discreta hasta que su declaración de patrimonio comenzó a arrojar dudas.
Las dudas comenzaron a crecer; se convirtieron, primero, en acusaciones ante tribunales locales, y finalmente, en una petición de arresto internacional que se cumplió en Francia hace dos años.
Perla está ahora en una cárcel de la División Antinarcóticos de la Policía Nacional Civil en espera de una audiencia judicial, y ha asegurado que cuando hable “rodarán cabezas”.
No debe de sorprender, entonces, que ocho de cada 10 salvadoreños adultos estén enterados del curso del juicio, según la encuesta más reciente de LPG Datos.
La misma investigación muestra, además, que solo el 2.7% de las personas enteradas del caso opina que el acusado no ha cometido actos de corrupción.
Ahora bien, el 19.1% cree que Perla no será encontrado culpable por los tribunales, y el 35% señala que, aun culpable, este hombre no terminará en la cárcel.