Periodista invitado
Pongan el aeropuerto en su sitio

Ricardo Rivas
Presidente del Grupo Radial Carnaval

rrivas@102nueve.com
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 8/26/2007

Llegamos a Comalapa, en un vuelo del mediodía. De entrada, el calor y la suciedad en la manga de desembarque me hizo pensar en si nuestro aeropuerto es, en realidad, “el mejor aeropuerto de Centroamérica”.

Tengo bien presente aquel 15 de octubre de 1979. Regresaba de San Miguel, de visitar a mi novia. Eran cerca de las 11 de la mañana y no había prisa por llegar a San Salvador. Por eso, decidí desviarme y dar una vuelta por el nuevo aeropuerto que se construía en Comalapa.

La carretera estaba sola. Uno que otro soldado demás, pero nada que llamara la atención. Al llegar, me di cuenta de que aquello no era juego. Grande, moderna, impresionante era la nueva terminal. Raudo, parqueé el carro y entré a conocerla. El lugar estaba desolado. Los trabajadores brillaban por su ausencia. Huelga o vacación, pensé, mientras me internaba por los entresijos de la mega construcción.

Luego de vagabundear por aquellas soledades, regresé al parqueo. Ahora, mi flamante Datsun ya no estaba solo. Una tropa lo rodeaba; tropa de soldados, claro. Al acercarme, todos me miraron como bicho raro.

El oficial al mando me preguntó qué hacía ahí. Yo le respondí que turisteando. Al míster no le cayó en gracia mi respuesta, y luego de hablar por teléfono con mis padres y corroborar que yo era el que decía ser, me mandó hecho un chipuste a la casa. Por cierto, al llegar, mi madre se “encargó” de hacerme caer en la cuenta de que mientras yo turisteaba, un golpe militar le daba vuelta al gobierno de turno.

Así conocí Comalapa. De eso me acordé ese mediodía mientras caminaba por la calurosa manga de desembarque. De aquella moderna edificación inaugurada en 1980, y que con el tiempo y el descuido se ha venido a menos: sitios sin aire acondicionado —o con mal aire—, pantallas electrónicas viejas y feas, pobre iluminación en la zona de Migración y Aduana, mobiliario en mal estado, “escalera” eléctrica insuficiente, decoración —con colores incluidos— desfasada, predominancia de lo comercial sobre lo turístico (por dentro, Comalapa parece más un mall que un aeropuerto), etcétera.

Y finalmente, la guinda que corona el pastel: el uso oficial de los sistemas audiovisuales de la terminal. En los aeropuertos modernos lo que se publicita a través de estos circuitos cerrados de televisión es el país. Son sus bellezas naturales. Es su gente, su cultura y su historia. Lo que hacen los diputados, el presidente u otros funcionarios, no suele ser tema en esas pantallas. Cada cosa en su lugar, digamos.

El Salvador es el hub de TACA para América del Norte. Los 365 días, miles de turistas y gente de negocios transbordan en nuestro aeropuerto. Esta es una oportunidad inmejorable de promocionar nuestro país, de impresionar bien a potenciales visitantes. De demostrarles por qué vale la pena visitar El Salvador.

Las autoridades tienen que trabajar duro para volver a poner al aeropuerto en su sitio. Reconozcámoslo, nos hemos dormido en nuestros laureles y nos ha ocurrido en el momento menos oportuno, cuando todos los países competimos por convertirnos en un centro regional de servicios.

Basta ver el remozado aeropuerto de La Aurora, en Guatemala, para entender cuánto trabajo necesita el Aeropuerto Internacional El Salvador.