Para que El Salvador pueda superar por completo el analfabetismo se debe crear una política estatal, un instituto para la educación de jóvenes adultos, mejorar la calidad educativa para superar la deserción escolar que conlleva al analfabetismo y lograr mayor compromiso social. Así lo cree este reconocido consultor educativo y miembro del consejo ejecutivo del Trienio de Alfabetización.
Alfabetización implica mucho más que solo leer y escribir.
El Trienio precisamente inicia con un debate interesante, con un análisis de ese concepto: ¿qué es alfabetización y cuál es el estado de la alfabetización en nuestro país? Se hicieron una serie de recomendaciones técnicas que permitieron darle vida al Trienio y a su consejo ejecutivo. El primer análisis fue que la alfabetización no se puede quedar en las herramientas de aprendizaje, que son la lectura, aprender un cálculo básico y el código elemental, sino que tiene que profundizar en los contenidos del aprendizaje. Además, no puede concentrarse en un solo nivel, que es lo que estuvo sucediendo en los últimos años. La alfabetización, hoy en día, busca una sociedad letrada, busca generar competencias, aprendizajes significativos y trasciende en el marco de estas herramientas. Va más allá con los contenidos de aprendizaje. Es su enfoque crear una ciudadanía activa, en un proceso de educación permanente para la vida. La alfabetización es un rezago y es una deuda política que se tiene como nación con miles de salvadoreños. Actualmente, hay más de 750,000 salvadoreños mayores de 15 años que no saben leer ni escribir el código básico, pero que tienen que ingresar a un proceso de revalorización social de lo que son los procesos. Es decir, en la perspectiva estratégica se tiene que trascender del enfoque de esa visión de rezago y alfabetización básica a un enfoque de educación de calidad.
¿Trienio ha traído avances a esa deuda política?
Es un esfuerzo sostenido por elevar el nivel de escolaridad de la población y dar un giro estratégico a lo que se ha venido haciendo, pero de manera sostenida. Eso significa que tiene que haber un esfuerzo importante en términos de recursos.
¿Solo en el tema de recursos?
El Trienio es ese esfuerzo por elevar la escolaridad, mejorar la calidad de vida y dar un giro estratégico. Pero en tres años no se va a lograr erradicar el analfabetismo sin mejorar condiciones y superar ciertos niveles, lo que lleva a que debe haber un énfasis en cómo crear una política de Estado que facilite que en el menor tiempo posible se cumplan compromisos internacionales y nacionales, como es la educación para todos y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
Al paso que va, ¿qué se logrará en tres años?
Lo inmediato es una intensificación importante de todo el programa de alfabetización a escala nacional. Se va a lograr un buen compromiso político por parte de los gobiernos locales. Hay un esfuerzo y un compromiso de diferentes sectores de la sociedad civil, una movilización social. Se está creando una red social en torno al tema de mejorar la calidad de la educación. Y un tema importantísimo es crear el instituto de educación para jóvenes y adultos, que logren incorporar toda esta visión renovada de lo que es la alfabetización y los procesos educativos de calidad y competitivos, y este es uno de los elementos que el Trienio va a dejar muy fundamentados. Es difícil que se llegue a lograr reducir o lograr las metas o indicadores de la población adulta que fijamos, porque en la medida en la que nos aproximamos a dar cobertura casi total los últimos segmentos se vuelven más difíciles y complejos de atender y requieren mayor inversión. Hay nuevas modalidades y nuevas estrategias que debemos aplicar con la población adulta, porque hay que hacer un trabajo de revalorización social muy fuerte, y crear la sinergia para que se incorporen a los procesos. A veces se cree que poniendo la oferta o el recurso los programas funcionan, y realmente los jóvenes o mucha población adulta no están con el compromiso pleno de entrar a las dinámicas educativas.
¿Cuándo podríamos entonces erradicar el analfabetismo?
Hay varios factores. El primero es intensificar los programas, generar un ambiente y un concepto lingüístico de una sociedad letrada, como políticas de Estado locales. Y el otro tema es que el sistema educativo nacional debe elevar su calidad y competitividad. Si las escuelas públicas siguen expulsando a niños de las escuelas, siempre vamos a tener que atender un programa de alfabetización.
Cuando Trienio comenzó eran 759,000 personas mayores de 15 años las que no sabían leer y escribir. ¿Hubo avances?
Hay un avance, el porcentaje es del 1%. Pero es que hay un tema muy relevante: en términos absolutos hay una disminución, en términos relativos o porcentuales es mayor, porque eso depende de las tasas de crecimiento de población. Además, hay una realidad rural y una realidad urbana. Todo este tema de indicadores y cifras va a quedar más claro cuando esté listo el censo de población. El censo permitirá focalizar bien el programa, y es la debilidad que podría tenerse en los programas tal y como han estado distribuidos.