Con el pudor que aún le sonrosa las mejillas, convertida en adolescente, Norma Bertila Alvarenga, de 14 años, no ha abandonado su tenaz esfuerzo de enseñar a los niños las primeras letras del alfabeto en Jocoro (departamento de Morazán).
“Desde hace cuatro años que fundé la escuela del caserío Los Alvarenga he atendido niños de cinco a ocho años de edad y les he enseñado cosas pedagógicas, pero también disciplina, juegos, refuerzo escolar”, dijo emocionada.
“Lo que más me gusta es que me recuerden, que cuando los encuentre me abracen y me digan ‘profe’, eso me hace feliz más que cualquier cosa”, dice la niña, quien desde los 10 años se ha dedicado a dar clases incansablemente hasta en los períodos de vacaciones.
Norma se inició como profesora como un juego en la escuela que tanto ama y muchos niños fueron llegando a recibir las clases que incluyen todas las materias, hasta deporte y creatividad: “Este año he comenzado a darles inglés, aunque algunos son muy pequeños lo aprenden, lo practicamos en los recreos. Tienen mucha retentiva, el inglés es muy importante para todo estudiante y mis alumnos no se podían quedar atrás”.
Luego de un año dando clases en una vieja galera y bajo los árboles, los padres de Norma buscaron otro lugar para la escuela, un espacio donde se hacen quesos, para que no se mojen durante el invierno; como pupitres utiliza viejas mesas o las prensas para el queso; y ambienta el lugar con dibujos y frases positivas: “Me levanto temprano para ayudarle a mi mami en la casa, camino luego 25 minutos para la escuela, salgo a las 12:30 y casi me voy corriendo porque a las 2 tiene que estar listo todo para las clases de los niños, les doy la bienvenida, cantamos el himno nacional los lunes y hacemos la jornada hasta las 5 de la tarde, luego hago mis tareas también”.
Norma se ha quedado sola en el esfuerzo, ya que anteriormente dos primas le apoyaban, pero tuvieron que abandonar el proyecto porque sus padres emigraron.
Afirma: “Lo más importante es ayudar a los niños. Me da mucha lástima cuando veo a gente que no puede siquiera firmar y tiene que llenarse los dedos de tinta, mi sueño es que todos los niños aprendan a leer y escribir, por eso me esfuerzo para enseñarles... En el futuro quiero ser maestra de parvularia o básica llegar a ser directora y ayudar a tanto niño que necesita el pan del saber”.
La escuela podría concluir el próximo año, ya que Norma cursará el noveno grado y el bachillerato requerirá más tiempo para sí misma; sin embargo, ella siempre deja abierta una posibilidad de seguir enseñando a sus pequeños alumnos.