Editorial
El derecho a la alimentación

Las oportunidades de desarrollo agrícola van de la mano con las posibilidades de desarrollo rural, territorial, local, y, por ende, nacional.


Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 10/17/2007

Ayer fue el Día Mundial de la Alimentación, y el lema internacional para este año es “Derecho a la Alimentación... hacerlo realidad”. Aunque en el mundo se producen suficientes alimentos para atender las necesidades alimenticias de toda la humanidad, más de 800 millones de personas padecen deficiencias gravísimas al respecto. Por lo cual, los retos del hambre siguen siendo dramáticos en el plano global, y eso demanda políticas internacionales y nacionales que ataquen las causas.

El representante de la FAO en nuestro país, doctor Francisco E. Muñoz, enfatizó que el lema de este año busca darle mayor visibilidad al tema del hambre y la desnutrición en el mundo, con el propósito de que tanto los países como sus gobiernos hagan balance de las medidas tomadas y de los resultados obtenidos. El hecho de subrayar que la alimentación es un derecho ha constituido un avance importante de cara a los compromisos que tal derecho implica; pero se trata de que ese derecho se haga realidad, para lo cual es imperativo mejorar a fondo las condiciones de vida de grandes segmentos de la población, en todas partes, pero sobre todo en zonas y países como los nuestros.

El Director General de la FAO, en relación con el lema de este año, ha recordado que, en la Cumbre Mundial sobre Alimentación de 2006, los Jefes de Estado y de Gobierno reafirmaron “el derecho de toda persona a tener acceso a alimentos sanos y nutritivos, en consonancia con el derecho a una alimentación apropiada y con el derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre”. Pese al esfuerzo avanzado en este campo, hay muchísimo por hacer. El compromiso es institucional y social, y sobre todo moral. Nuestras estadísticas lo reclaman.

EL FORTALECIMIENTO AGROPECUARIO

En el país, hemos visto en los últimos años un cambio de rumbo institucional muy significativo para la estabilidad general de nuestra sociedad: es lo que se refiere a la retoma de políticas agrarias conducentes no sólo a rescatar nuestra agricultura del abandono en que había venido cayendo en términos generales, sino a potenciar la autosuficiencia alimentaria y el buen aprovechamiento de nuestros recursos agrícolas de exportación, con lo cual además se garantiza un sano desarrollo rural y una revitalización del empleo en esa área.

Como dice el representante de la FAO en El Salvador, “el despertar de una agricultura ampliada y progresista, acorde con la categoría de un país de renta media como es El Salvador, ha empezado a rendir los resultados previstos, teniendo al sector agropecuario del país en el grupo de los mayores protagonistas del crecimiento económico salvadoreño”. Esto hay que subrayarlo, porque es el mejor mentís para aquellos que, irresponsablemente, auguraban y hasta aplaudían el colapso del agro.

Es de reconocer la visión del Gobierno actual en este campo y en este cambio. Las oportunidades de desarrollo agrícola van de la mano con las posibilidades de desarrollo rural, territorial, local, y, por ende, nacional. La modernización eficiente y sostenida de la cadena agroalimentaria y agroexportadora es una tarea básica e impostergable, y a ella hay que dedicarle suficientes esfuerzos y recursos públicos y privados. Y debe ser esfuerzo de nación.