Los casos de cáncer de mama crecen cada año, pero no así el equipo técnico del Ministerio de Salud para detectarlos. Octubre, el mes dedicado a lucha contra esa patología, concluye hoy y en los hospitales públicos ha sido poca la promoción. El ministro de Salud, el radiólogo Guillermo Maza, sabe del problema: “La única manera de diagnosticar tempranamente un cáncer de mama es a través de una mamografía; no hay otra. Y como ministerio tenemos muy poco acceso a esos exámenes”.
La literatura médica dice que toda mujer arriba de los 40 años debe practicarse esta prueba. Pero para las 630,000 salvadoreñas con más de 40 años y sin posibilidad de ir al Seguro Social o a un hospital privado solo hay tres mamógrafos disponibles en los hospitales públicos. El promedio es de 210,000 pacientes por aparato. La alternativa, sacar unos $20 de la bolsa y pagar a una clínica por el examen (ver nota aparte).
Los médicos de los principales hospitales especializados coinciden en que los casos van en ascenso. Solo en 2006, Salud registró 685 nuevas pacientes. La cifra compite solo con el cáncer de cerviz (útero), pero la manera de diagnóstico es “abismal”, según el mismo Maza.
La carencia es tal que los centros de tercer nivel no cuentan con mamógrafos. Los hospitales que pueden presumir de dar esos servicios solo son el Neumológico, Santa Ana y San Miguel. A ellos se suma el Instituto del Cáncer, que aunque sirve de manera semipública, no está bajo la administración del ministerio. Maternidad —el centro especializado en la mujer— no tiene mamógrafo desde hace casi tres años. El último, uno donado, no duró mucho. La promesa de adquirir un aparato nuevo está emplazada para diciembre de este año. Pero mientras eso llega la jefa de oncología, Aurora Velásquez, asegura que el esfuerzo es grande con “lo poco” que se tiene.
El Rosales es otro que oficialmente tiene aparato pero no está en uso. Ana Cristina de Gómez, jefa de la unidad de radiología de ese nosocomio, asegura que se debe a las remodelaciones que han tenido desde marzo. La falta de equipo en esos centros hace que la gente sea remitida —con suerte— al Instituto del Cáncer, aunque la mayoría termina en clínicas.
Los médicos coinciden en que la carencia no es solo en aparatos. Las pacientes deben también pagar su propios medicamentos ante la escasez. En Maternidad en las últimas semanas, ante la falta de presupuesto, algunas pacientes nuevas se vieron en la obligación de costear su tratamiento para quimioterapia, ya que la disponibilidad bajó de 150 frascos a 100. Sara Valdez, directora de ese nosocomio, ve con optimismo el trabajo que se hace, pero reconoce que ante las limitantes materiales el perfil de trabajo aún es bajo.
La recomendación del autoexamen mensual es la única medida que pueden dar los especialistas. Pero un cáncer inicial, con mayor probabilidad de cura, no se palpa físicamente. Rolando Silva, jefe de oncología del Rosales, asegura que el problema va más allá, ya que culturalmente ni los médicos de primer nivel ni la población están conscientes de la importancia de esa medida. “Los casos que nos llegan ya son avanzados, porque el tumor es obvio y eso indica menos posibilidad de recuperación”, explica el galeno.
Las mejoras en programas de atención de cáncer de mama están lejanas. La posibilidad de adquirir mamógrafos solo la tienen los hospitales que están en remodelación bajo el proyecto RHESSA, y el plazo para concluir es 2009.