Seis cursos de agua que confluyen en el río Grande de San Miguel están contaminados por dos metales con potencial de causar graves daños a la salud humana, según un estudio de la Universidad de El Salvador.
Los resultados del examen en siete ríos revelan que en marzo de 2006, cuando se tomaron 24 muestras de agua y 24 de sedimentos, los contenidos de mercurio y cadmio sobrepasaban con creces los valores de referencia establecidos por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos.
El hallazgo se produjo en cinco puntos en el sur del departamento de Morazán y en el norte del municipio de San Miguel, una de las zonas del país con mayor actividad minera. Los investigadores, aunque no determinaron el origen de la contaminación, consideran como principal sospechosa a la minería que por décadas hubo en los municipios morazaneños de El Divisadero, Jocoro y San Carlos, precisamente en las cuencas de los ríos donde se tomaron las muestras.
El equipo de investigadores del área de ciencias de la tierra de la Universidad de El Salvador subraya que, con frecuencia, el cadmio y el mercurio se han asociado a la actividad minera. Este último, al que también se conoce como azogue, ha sido un ingrediente tradicional en la explotación aurífera, pues permite separar el oro de las piedras. Ahora, las cuencas de los ríos Seco, La Majada, Corozal, Guayabal, San Francisco, Cañas y Grande de San Miguel son depositarias del metal.
Y mientras la contaminación se evidencia intensa, también es intenso el uso doméstico de estas corrientes fluviales, en las que la gente pesca e incluso bebe el agua que nace en las riberas. Como hace don Juan Ramos, de 52 años, uno de los líderes de la comunidad del caserío Mayucaquín, del cantón Santa Inés, en el norte del municipio de San Miguel. El hombre, sin ningún escrúpulo hace de sus manos un guacal, las sumerge en un pocito en la orilla donde se unen los ríos Corozal y Las Cañas y se las lleva a la boca. Después de probarla, revela que no considera el río un sospechoso: “Esta agua es buena, hasta han querido quitárnosla, pero no hemos dejado”. No lo considera sospechosa de llevar diluidas dosis de muerte de cadmio y mercurio. No lo relaciona con los padecimientos renales de la población del caserío y de otros caseríos cercanos.
La supervisora de salud de la zona, Amanda García, asegura que en estos lugares la primera razón de consulta médica son las afecciones renales. Ella refleja muy bien dos cosas sobre el Ministerio de Salud: una es que están conscientes de que hay una inusual cantidad de fallas en los riñones de los pobladores. La otra es que no saben a qué se debe: “Hay demasiada gente con insuficiencia renal, es demasiada y queremos saber por qué”. El nefrólogo Salvador Magaña agrega que la insuficiencia renal es también la primera causa de muerte en el Hospital San Juan de Dios, de San Miguel. Algo raro, si se toma en cuenta que la primera causa de muerte hospitalaria a escala nacional son los traumas diversos.
El cadmio y el mercurio están asociados a la insuficiencia renal, ya que al acumularse progresivamente dañan los riñones. Los núcleos poblacionales cercanos a estas zonas se acercan a los 250,000 habitantes, si se toma en cuenta que el punto donde bebe agua don Juan está a solo 2 kilómetros aguas arriba de la ciudad de San Miguel, a la que atraviesa el río Grande de San Miguel, del que son afluentes los otros seis en que se tomaron muestras.
El boom de la actividad minera en la zona oriental inició en 1904, en Jocoro, cuyo casco urbano está a solo 5 kilómetros de donde se detectaron las más altas concentraciones de mercurio (ver mapa). La mina conocida como Flamenco fue el umbral de la explotación aurífera, que culminó en los sesenta. En la zona hay tres distritos mineros. En el vecino municipio de El Divisadero la mina San Cristóbal estaba en prospección en 1988.
Un poco más al oriente, la mina de San Sebastián, en Santa Rosa de Lima (La Unión), explotada con intensidad entre 1935 y 1953, era considerada la más productiva de Centroamérica. En 1968 la empresa Commerce Group Corp. la adquirió y 10 años más tarde suspendieron la actividad por conflictos laborales. En medio de la guerra, en 1985, iniciaron trabajos de reapertura, que se concretaron hasta 1995. La actividad se detuvo de nuevo en 2001 para ampliar las instalaciones. Aunque obtuvieron una nueva concesión para 30 años, el ex ministro del Ambiente Hugo Barrera dijo a LA PRENSA GRÁFICA en 2006 que ese permiso iba a revocarse.
Los ríos Seco, Corozal y Las Cañas, que vierten sus aguas al río Grande, recibieron los residuos de la minería de forma directa. Los resultados del estudio se hicieron públicos hasta diciembre de 2007, y los investigadores dicen haberse sobresaltado, a pesar de que esperaban alguna evidencia de contaminación. “Para nosotros fue una sorpresa encontrar estos metales en el lodo, mucho más cuando revisamos las referencias y lo que ocasionan a la salud humana... nos pareció importantísimo seguir con el sondeo y ampliar la referencia, así como darlo a conocer”, menciona Rafael Cartagena, quien dirigió el estudio.
En el caso del cadmio, los 43 microgramos por cada gramo de sedimento seco supera hasta en 72 veces el nivel de 0.6 que establece la norma de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para sedimentos de agua dulce. Para el mercurio, la EPA considera que a partir de 0.2 microgramos por cada gramo de sedimento seco puede haber efectos en el ambiente. Por lo tanto, los 7.2 hallados en el encuentro de los ríos Seco y La Majada equivalen a 36 veces la norma.
El ministerio del ambiente no atendió la solicitud de entrevista, en la que se insistió durante dos semanas. La dirección regional de Salud tampoco accedió a conceder una entrevista para hablar sobre las afecciones renales.
El equipo investigador relaciona el cadmio con la ruptura de la corteza terrestre para buscar minerales. El mercurio se usa para separar el oro de las rocas en que se encuentra y aún hay personas que artesanalmente lo siguen usando en las minas del lugar. Cartagena anuncia estudios adicionales para determinar si la contaminación en este caso es atribuible a la minería en la zona.