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Con la enfermedad en sus espaldas

La insuficiencia renal está prosperando en una de las zonas donde hay contaminación.


Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 2/10/2008

Al bajar el puente del caserío, Mayucaquín, del cantón Santa Inés, una antigua hacienda dos kilómetros al norte de la ciudad de San Miguel, se puede oír el murmullo del agua del río Grande; el sitio, conocido como Los Encuentros, debido a que ahí confluyen los ríos Cañas, de Chapeltique, y Corozal, de Yamabal, atrae un flujo de personas, sobre todo mujeres, que hacen ahí infinidad de quehaceres. Las piedras lisas y blancas forman una playa que permite tender la ropa que se lava en el río. Más adentro están las piedras donde las mujeres, hundidas hasta las rodillas, golpean la ropa enjabonada. El lugar es una bendición peligrosa para los pobladores de los caseríos Agua Zarca, Achiotal y Mayucaquín.

A unos 500 metros aguas arriba hay una decena de pocitos. El agua va directa de los pozos a los cántaros y de los cántaros a los estómagos.

Pedro de Jesús Benítez, de 48 años, descansa en una hamaca en una casa cercana. Está postrado por insuficiencia renal desde septiembre de 2007. Él y su vecino Juan Ramos hablan de las víctimas de insuficiencia renal en Mayucaquín: Amadeo Flores, Rigoberto, un joven de 28 años que falleció por la enfermedad. A María Magdalena Flores, de 48 años, le han detectado “riñones inflamados”. Las causas, sin embargo, les son un misterio. A ellos y a la misma supervisora de salud, Amanda García.

El cantón Santa Inés tiene más de 1,600 pobladores, y nadie parece tener una cifra precisa de cuántos de ellos usan sin tratamiento alguno el agua de los ríos con cadmio y mercurio.

“Esta agua es buena, hasta han querido quitárnosla, pero no hemos dejado.”

Juan Ramos, habitante de zona contaminada