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Septiembre 12. El Salvador ha jugado bien sus cartas ante los jueces de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Aunque el primer día de audiencia pareció que la delegación utilizó demasiado tiempo para refutar las observaciones que Honduras había hecho por escrito a la legalidad de la petición de revisión, los delegados nacionales muy pronto entraron en la
materia que más les interesaba dejar clara a los jueces: la inconsistencia de la prueba histórica presentada por los hondureños en 1992 para hacerse con el bolsón del Goascorán.
En la primera intervención, El Salvador dejó para el cierre la que sin duda ha sido su mejor arma en estas audiencias: la argumentación histórica encargada al catedrático español de la Universidad Autónoma de Madrid Antonio Remiro Brotóns.
Había que refutar, es cierto, el argumento hondureño de que El Salvador no ha presentado un hecho nuevo.
Para ello, los salvadoreños han recurrido al inglés Maurice Mendelson, quien, a pesar de mostrar un conocimiento bastante amplio del derecho y la jurisprudencia internacionales, no se aplicó como el mejor de los oradores, pero los destellos de ironía y florituras de
su discurso han sido bien recibidas en este tribunal; sin embargo, en su segunda intervención, la fluidez de su discurso no fue la mejor.
Por su parte, la canciller María Eugenia Brizuela de Ávila, a pesar de su escasa experiencia en estas lides, ha mostrado un impresionante dominio del escenario, se convirtió en la mejor defensora de la legalidad de la petición salvadoreña.
El gran mérito de las intervenciones de la funcionaria fue la capacidad para combinar la exposición clara con giros emotivos para calar en los jueces.
Pero ni las referencias al derecho internacional ni tratar de explicar con claridad la validez legal de la pretensión salvadoreña han sido suficientes para desmotivar a los hondureños.
Carlos López Contreras, asesor y ex canciller de la república vecina, es un orador curtido; el manejo del idioma es perfecto y sus argumentos fueron pronunciados con con claridad.
El verdadero fuerte de la exposición salvadoreña han sido las explicaciones de Remiro Brotóns, quien ha demostrado haber hecho muy bien las tareas: ha dado la impresión de que nadie mejor que él conoce las aventuras y desventuras de El Activo, la geografía
colonial del golfo de Fonseca o los preceptos jurídicos emanados de la Colonia.
Honduras aún no responde a sus razonamientos.
No es hora, sin embargo, de echar las campanas al vuelo.
El optimismo de la delegación salvadoreña tras su última intervención puede parecer excesivo si se piensa que Honduras aún tiene un turno para hablar.
El Salvador ha pedido a los jueces que no permita a los hondureños introducir, en su alocución de mañana, argumentos que ellos no puedan rebatir.
Esto, sin embargo, es un juego de astucia, en que las partes bien pueden guardarse sus mejores cartas para el final.
La delegación de Honduras tiene la palabra y, aquí, eso siempre será una ventaja.
Apenas se ha recorrido la mitad del camino.
Se puede ganar, pero también perder. Eso, al final, sólo depende del criterio de cinco jueces.
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